Publicado: 19 / 09 / 2016
Creado por: dianalaverde
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En nuestra condición de académicos y de ciudadanos, los abajo firmantes queremos manifestar nuestro decidido apoyo al SÍ en el plebiscito a realizarse el próximo 2 de octubre.

Obviando la posibilidad de la abstención, solo hay dos opciones. Dos opciones que merecen ser escuchadas y están animadas por el deseo de alcanzar lo mejor para el país, pero que no por ello son moral y políticamente equivalentes. Respetando, por supuesto, las posiciones contrarias, queremos destacar 4 tesis que, a nuestro juicio, hacen preferible el SÍ:

Creemos, en primer lugar, que respaldar la inminencia de una penalización de los victimarios, conforme a los estándares internacionales de la Justicia Transicional, es preferible a esperar, quién sabe cuándo, el rigor hipotético de una penalización más severa y que cobije a todos los responsables. La Jurisdicción especial de paz es la inminencia de la actuación de la justicia. De una justicia penal imperfecta, sí – si se hace equivocadamente abstracción de las condiciones excepcionales de una transición – pero de una justicia pronto en marcha.  La posición de quiénes buscan ahora mismo una justicia penal perfecta es contraproducente: por quererlo todo (el castigo ejemplar), se quedan sin nada (el castigo factible). 

Creemos, en segundo lugar, que, como el encarcelamiento prolongado de quienes han cometido delitos y la noción genérica de justicia no son uno y lo mismo, se trata de un acuerdo suficientemente justo como para que merezca ser apoyado. La Justicia Transicional es un conjunto de medidas en las cuales se incluye, de la mano de la verdad, la reparación y las garantías de no repetición, una cierta proporcionalidad entre daños recibidos y compensaciones. Eso también es justicia. La justicia es también asunto de los derechos vulnerados de las víctimas y no solo de los castigos de los victimarios. No es por eso casual que las víctimas respalden, en su gran mayoría, al SÍ. Respecto a los victimarios, además, se toman en los acuerdos medidas – adecuadas, nuevamente, a los estándares internacionales – de justicia restaurativa. Decir tajantemente que el acuerdo es injusto es desconocer, desde una posición reduccionista, cómo la Justicia Transicional tiene un carácter plural e integral: la privación de la libertad es un elemento del ejercicio de la justicia pero la justicia no equivale, de ningún modo, al encarcelamiento.

Creemos, en tercer lugar, que los acuerdos merecen ser aprobados porque, como ya lo han mostrado los meses de cese de hostilidades, harán posible una reducción significativa de la violencia y, en esa medida, permitirán mejorar la seguridad en el país. Estamos conscientes de que el acuerdo de La Habana no significa, ciertamente, el fin de toda clase de violencia en Colombia (la “Paz”). No obstante, creemos que la superación del conflicto armado con uno de los más duraderos, poderosos, numerosos y extendidos actores armados del país, a saber, las FARC-EP, mitigará, de manera significativa, aun contando (como suele ocurrir en estos casos) con una porción de guerrilleros reincidentes, la violencia en el país y permitirá, de esa manera, la implementación de políticas más integrales de seguridad, alejadas de los esquemas de la Guerra Fría, por parte del Estado colombiano.

Consideramos, por último, que los acuerdos pueden ayudar a promover una cultura del diálogo público mucho más tolerante y diversa. Los acuerdos de La Habana pueden ayudar a transformar el estilo, simbólicamente violento, de una parte importante de nuestro discurso político, a institucionalizar, dentro del marco de la legalidad, las sanas prácticas de oposición, a desmilitarizar la agenda pública y hacer posibles, sobre esa base, debates más complejos y multidimensionales sobre los problemas del país. La prolongada duración de nuestro conflicto ha convertido a la política en la continuación de la guerra por otros medios. Tenemos ahora la oportunidad de empezar a revertir la mentalidad y las acciones guerreristas presentes en nuestra cultura política. El SÍ, en ese sentido, es un llamado a la reconciliación.

Con el SÍ estaremos apoyando el desmantelamiento paulatino de la guerra, con su inevitable estela de muerte, y dejando atrás la comprensión de la justicia como la Ley del Talión. Con total independencia de nuestra posición favorable o no al Gobierno Santos, en tanto aquí no solo está en juego la popularidad de un gobierno sino el futuro de generaciones, consideramos que no es el momento para el purismo moral, el preciosismo legal o el autoengaño de concebirnos como el Estado ideal que nunca hemos sido. La acción política es un asunto de convicciones y oportunidad. Y la oportunidad, para quienes creemos en el diálogo, la reconciliación y el fortalecimiento de un Estado democrático, está dada. Como votantes debemos aprovecharla.

Desde una posición ponderada y realista, pero, a la vez, inspirada por la confianza en ciertos principios, invitamos a votar, el 2 de octubre, por el SÍ. 

 

Hernando Llano

Gustavo Morales

Rosalía Correa

Alejandro Carvajal

Lina María Orozco

Lina Fernanda González

Paul Chambers

Jorge López

Luis Johnny Jiménez

Carlos Ramírez

Mauricio de Miranda

Alejandro Pavel

Sandra Balanta

Claudia Barrios

Maribel Castillo

Julio César Paz

Freddy Guerrero

Mauricio Quimbaya

Ana María Giraldo

Ximena Vallejo

Gloria Cristina Blanco

Víctor Martínez

Diego Agudelo

Catalina Prada

Jesús Bustamante

Ana María Osorio

Julián Piñeres

John Jairo Cuevas

Elsy Velazco

Álvaro Herrera

Paula Andrea Hoyos

Sandra León

Kewy Sarsosa

Ivonne Díaz

Myriam Román

Natalia Cadavid

Alejandro Castro

Tatiana Rojas

Sebastián Jiménez

Solanlly Ochoa

Humberto Jaramillo

Marino Guarín

Alejandro Morales

Ángela Cadavid

Juliet Ospina

Carolina Gómez

María Alejandra Arboleda

María Cristina Sánchez

Abelardo Hernández

Mónica Chávez

Hernando Prado

Luis Fernando Macea

Mariluz Gómez

María Constanza Pabón

Manuel Ramiro Muñoz

Verónica Andrade Jaramillo

Camilo Mayor

Patricia García

Carlos Méndez

Odemaris Abadía

Nilson Giovanni Fajardo

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