¿Por qué son importantes las relaciones parentales en la Colombia del posacuerdo?

 

 

Después de medio siglo de conflicto armado con las Farc y de la reciente firma del acuerdo de paz, Colombia tiene grandes retos por afrontar. Uno de ellos es el de prepararse para entender, asumir y construir nuevos escenarios para la conciliación.

Lo anterior deberá hacerse desde distintos ámbitos: el político, el económico, el religioso y el social. En este último punto la familia, como núcleo de la sociedad, cobra un papel fundamental especialmente desde la reconfiguración de las relaciones entre padres e hijos.

Este tema se abordó en la conferencia web ‘Parentalidad en la Colombia de posacuerdo: retos para profesionales que realizan acompañamiento familiar’, que se realizó el pasado 2 de noviembre y que estuvo a cargo de la docente de la Maestría en Asesoría Familiar de la Javeriana Cali, Jacqueline Garavito López, magíster en psicología cultural y candidata a doctora en psicología social de la Universidad del Valle. 

En entrevista, la profesora Garavito habló sobre la alteridad como aspecto central para la construcción de paz desde la familia y la empatía como habilidad que se cultiva en el marco de las relaciones parentales, por qué es necesaria para el desarrollo de la alteridad y cuáles son los aspectos a considerar.

Futuros Javerianos (F.J): ¿Cómo ha influido el conflicto armado en la construcción de relaciones entre padres e hijos?

Jacqueline Garavito (J.G): Lo ha hecho de varias maneras y quizá la más visible ha sido por el desplazamiento, pues estamos hablando de más de siete millones de personas que se vieron forzadas a dejar sus tierras para sobrevivir, y en muchos casos tuvieron que separarse de sus familias, lo cual implicó separación de padres e hijos y deterioró el vínculo entre ellos. En ese sentido, una de las estrategias de las familias que vivían en contextos de violencia era enviar a sus hijos adolescentes a otras zonas donde no corrieran el riesgo de ser reclutados por un grupo armado, dando inicio a la desintegración.

Otra opción que tenían las familias era viajar a la ciudad a vivir en la casa de familiares, lo que significaba una reconfiguración de su estructura nuclear a una estructura extensa, pues pasaban a convivir con un grupo familiar más grande. Esta situación representaba un reto en términos de la autonomía familiar y de la autoridad que se tenía ante los hijos.

Asimismo, otra forma de reconfiguración se refiere a las familias que perdieron a uno de los padres convirtiéndolas en monoparentales. Por ejemplo, cuando el hombre falta en un hogar donde la autoridad estaba centrada en él, la mujer debe asumir la jefatura asumiendo sola un doble papel: el de proveedora y el de cuidadora.

Sin embargo, hay que reconocer que en algunos casos se ha observado también que frente a dichas situaciones otras familias han logrado cohesión, los miembros se acercaron más entre ellos y lograron mantener su núcleo como estrategia de protección frente a la amenaza que el conflicto armado representa. 

F.J: ¿Cómo se podrían pensar esas nuevas relaciones entre padres e hijos que posibiliten el respeto al otro y la empatía?

J.G: La empatía es muy importante, pues se trata de la habilidad de ponerse en el lugar del otro, de entender sus emociones. Pero hay un concepto central que está ligado a dicha habilidad, se trata de la alteridad, es decir, la posibilidad de reconocer que hay otros diferentes que valen tanto como yo, pero que son distintos, que tienen creencias religiosas y políticas, orientaciones sexuales distintas, algo que nos compete en este caso, porque nuestra sociedad está conformada por familias diversas.
Por lo tanto, es necesario cuestionar ese modelo que tenemos de la familia nuclear conformada por papá, mamá e hijos, como si fuera la única forma de familia, y entender que ahora se habla de hogares unipersonales, tenemos diferentes organizaciones familiares entre las que están por ejemplo las familias transnacionales, las familias ensambladas y las familias homoparentales. Entonces, diría que una de las tareas que debe asumir el asesor familiar es darle un lugar a esa alteridad, acompañar a las familias en ese reconocimiento.

El fomento de la empatía es necesario para dar paso a la alteridad. Es importante que los padres puede entender las emociones de sus hijos y que, además, puedan expresar las propias. Si eso se puede lograr, existirá la posibilidad que se dé en otros escenarios. Pero además es vital que en las familias haya un lugar para ese otro diferente, es importante que el otro sea reconocido en los relatos, en las conversaciones, en la mesa familiar.

F.J: ¿Desde el acompañamiento a las familias, qué se tiene que hacer para que el país tenga individuos y familias para la paz?

J.G: Es importante tener mucho cuidado de pensar que la paz es solo responsabilidad de las familias. La sociedad ha asignado muchas responsabilidades a las familias, pero ellas no necesariamente tienen los recursos para asumirlas. No siempre cuentan con apoyo social,  económico o afectivo. Lo primero es garantizar que las familias cuenten con dichos recursos para cumplir con las tareas que se les exigen. A nivel de acompañamiento, es posible ayudar a las familias a generar espacios de alteridad, escenarios que les permita darse cuenta de que hay otros que piensan distinto, que se escuchan otros puntos de vista. Por ejemplo, si tú hablas con las familias acerca de qué tanto saben sobre las condiciones en las que vivió una persona que está en proceso de reintegración, si los llevas a preguntarse qué llevó a esa personas a vincularse a un grupo armado, qué condiciones de familiares tuvo antes de ser militante. Se trata de considerar otros puntos de vista, el de izquierda y el de derecha, el del religioso y el del ateo; y de poner en práctica la empatía tratando de comprender qué condiciones han vivido los otros, qué sienten, en qué se basan sus argumentos, buscar la igualdad de oportunidades.
Asimismo, la educación también es fundamental, mientras no haya oportunidades para todos, mientras haya muchos jóvenes con la incertidumbre de una educación o de una vida laboral, no habrá garantía para la paz.

F.J: Entonces los gobiernos deberán trabajar de la mano de los asesores familiares para garantizar estas condiciones…  

J.G: Creo que sí, sin embargo sería bueno revisar las estadísticas y los trabajos que se han venido haciendo al respecto. Pero en los discursos de Gobierno podemos escuchar que se reconoce ese papel central que tienen las familias como formadora, como educadora, porque del papel que estamos hablando aquí es el de socializador. Hay programas como Familias en Acción donde se da un aporte económico, pero hay unos aspectos a revisar, porque si bien ahí ya hay unas ganancias -es mejor tener ese dinero mensual que no tener un centavo-, también hay que mirar cómo es el acompañamiento, en qué medida esa familia gana autonomía, hasta qué punto maneja mejor las posibilidades de corregir y orientar a los hijos.
Por otra parte, es importante que estos asesores tengan una buena formación, que tengan esa mirada amplia, porque podemos encontrarnos con profesionales que tienen una mirada, no de la diversidad o diferencia, sino de la deficiencia. Uno no puede estar pensando en blanco y negro, de familias funcionales y disfuncionales.

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