Matamba: todo lo que somos

Sandra Lorena Agudelo Garcés

Por: Sandra Lorena Agudelo Garcés, Estudiante Javeriana e integrante de Matamba, grupo representativo de danzas folcóricas. /

Tierra viva, Sarao, Bambasú, Antawara, Huellas, Tradiciones vivas, Colombo Esencia… una lluvia de ideas sin fin se desplegó aquella tarde de vacaciones en nuestro grupo de whatsapp, todos dábamos opciones de nombres e intentábamos votar por aquella que representara mejor nuestra identidad, sin embargo no existía aún una opción que nos llenara del todo y que transmitiera lo que es el grupo para nosotros y las razones por las cuales nos encontrábamos allí.

Habían opciones que sonaban lindo pero no representaban mucho y otras que podrían dar a entender muchas cosas pero que no eran acordes o sonoras para un grupo de danzas. Tras casi tres días de discusión, mil mensajes de whatsapp, mil imágenes, mil palabras, llegamos a un acuerdo, desde aquel día seríamos llamados MATAMBA, un tipo de caña delgada que al entretejerse permite la confección de catabres, cestos y abanicos de alto colorido y significado cultural. Matamba representa para nosotros todo lo que somos, un grupo de personas de diversos pensamientos, diversas carreras, diversos enfoques, un grupo caracterizado por la diversidad, una diversidad que nos permite aprender cada vez más del otro y que al unirnos como la familia que somos, nos permite entretejer un sin número de danzas de “alto colorido y significado cultural”. Tener un nombre, era para nosotros la puerta de entrada a un gran mundo de aventuras y vivencias que empezaríamos a tener a partir del semestre que en poco tiempo comenzaría.

Las clases dieron inicio y con ellas empezaba una semana de trabajo duro en el grupo, estábamos a pocos días de emprender el primer viaje de nuestro amado Matamba, llenos de nervios y entusiasmo ensayamos todos los días de esa semana para estar lo suficientemente preparados para nuestra gran aventura, los días fueron pasando y finalmente había llegado aquel esperado sábado 30 de julio. Desde aquella mañana convivimos como una familia, era increíble ver como personalidades tan distintas logramos unirnos por ese amor a la danza y ese compañerismo que nos caracteriza.

Las risas y el buen ambiente nunca fueron ajenos en aquellos días de convivencia, entre recochas y chistes organizábamos todo para cada una de las presentaciones; minutos antes de subir al escenario nos dábamos apoyo los unos a los otros; subíamos temblando del susto a la tarima, pero siempre intentando dar lo mejor de nosotros, intentando mostrar el folclor de nuestro país con la actitud y el amor que se merece; al terminar bajábamos muertos de la risa, queriéndonos y uniéndonos cada vez más entre todos, agradeciendo poder estar allí juntos.

Con el paso de los días pudimos ir conociendo a los diferentes grupos, aprender de las diferentes culturas, bailes y tradiciones, entre charla y charla fuimos creando lazos de amistad, que aunque a distancia, serán muy valiosos para el resto de nuestras vidas. Nos sentábamos juntos a comer, nos reíamos a carcajadas en el cuarto intentando no despertar a los demás, aprendimos bailes de otros lugares, aprendimos nuevas expresiones, probamos dulces, intentamos ser más autónomos como grupo, pero sobre todo entendimos que la convivencia es lo más importante en un grupo y que la tolerancia es aquello que nos lleva a conformar la familia que somos en este momento y que nos va a permitir seguir creciendo como personas, bailarines y amigos.

 

 

 

 

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