La Pontificia Universidad Javeriana Cali fue sede del Foro 'Verdad y justicia, claves para la reconciliación'. La voz de las víctimas del conflicto armado.
Publicado: 12 / 10 / 2017
Creado por: veronica.gomez
verdad y justicia
Foto por: Kevin Diaz

El primer paso a la reconciliación está dejando una huella indeleble en el país. Miradas limpias de rabia y tristeza, manos estrechadas sin la fuerza de la venganza y palabras sanadoras están pintando esa señal.  El pasado 9 de octubre, la Pontificia Universidad Javeriana Cali fue testigo de ello. Abrirle la puerta al foro Colombia 2020 del periódico El Espectador para el encuentro entre víctimas, facilitadores del proceso de paz y excombatientes del conflicto nos hace también partícipes de este primer paso, de esa construcción de puentes que identifica la labor de los jesuitas.  

No es fácil para una víctima presentar sus heridas, bien lo dijo el embajador de Alemania, Michael Bock, en su intervención en el foro titulado ‘Verdad y justicia, claves para la reconciliación’. Pero es sin duda un ejercicio necesario y sanador conocer la verdad o verdades para un real proceso de reconciliación. 

Las víctimas dan el primer paso 

Bertha Lucía Fries fue una de las 236 víctimas del atentado al Club El Nogal, atribuido a las Farc. Sus heridas le robaron gran parte de la movilidad de su cuerpo y el gusto por la vida. Durante casi diez años se sometió a diferentes tratamientos médicos y desde hace cinco a una sanación espiritual.

Escuchar a reinsertados en una de las jornadas que se vienen adelantando con las afectados de esta guerra ha sido su primer paso a la reconciliación. “Les pregunté qué le dirían ustedes a las víctimas y me respondieron: ‘Yo pediría perdón, pero luego, de una manera u otra, querían que se conocieran nuestras historias’. Entendí en ese momento que en esta guerra todos somos víctimas, sea por ausencia del Estado o por falta de derecho a la salud y a la educación en este país”, relató Bertha en el panel ‘Las víctimas dan el primer paso’ del Foro Colombia 2020.

Conocer la verdad no es solo un derecho, un aporte a la justicia y un paso a la reconciliación, sino también parte de la sanación del alma.   

En esa misma liberación de rencor están Jaime Palmera y Jorge Tovar, dos nombres que por sí solos no parecen tener significado en el conflicto armado. El primero lleva el estigma de ser el hermano del comandante de las Farc ‘Simón Trinidad’ y el segundo, ser hijo del exjefe paramilitar ‘Jorge 40’, los convierte en protagonistas en el proceso de reconciliación del país.

Estar sentados uno enseguida del otro y entender que las diferencias ideológicas de sus familiares que dejaron una estela de muerte y terror en gran parte de la geografía costeña, no son obstáculo para apostarle juntos a la reconstrucción de un país que por años estuvo sumido en la violencia de las armas.

“Ser los hijos de la guerra y padres de la paz” es la frase con la que Jorge busca que más jóvenes desarmen corazones y den ese paso a la reconciliación. Mientras que Jaime Palmera, confirma su compromiso con este proceso en el que se funde en abrazo con quien de lejos consideraría su enemigo.

Rodrigo Tovar Pupo, ‘Jorge 40’, y Juvenal Ovidio Ricardo Palmera, ‘Simón Trinidad’, hoy son prisioneros sometidos a condenas por el sistema judicial de los Estados Unidos. 

El compromiso es la no repetición

Fredy Rendón, excomandante de las AUC, y Pablo Catatumbo, secretario político de las Farc, protagonizaron también una de las escenas más significativas para el proceso de reconciliación.

Enemigos por años, estos dos excombatientes aseguraron trabajar para que este país conozca la verdad del conflicto armado. Rendón, quien pagó ocho años de cárcel, afirma que la tarea ahora de estos dos grupos es “más nunca repetir la guerra. Y para eso es necesario aprender de los errores”.

Para ello, precisamente, son estos espacios como Colombia 2020 y en los que en la Pontificia Universidad Javeriana creemos necesarios para sanar tantas heridas abiertas y la reconstrucción humana y de Colombia como nación, una tarea que tenemos todo. 

 

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