Así fue la experiencia de Micaela Passetti con Forja.
Publicado: 03 / 05 / 2019
Creado por: johan.giraldo

“En Cali fui feliz”; es lo que repetidamente contesto con una sonrisa cada vez que me preguntan por mi experiencia en la dinámica capital de la rumba.

Extraño el clima tropical, la frondosidad elevándose alrededor de la ciudad, el sol amaneciendo temprano y desayunar arepas rellenas de queso; extraño las carambolas, las uchuvas, chontaduros y pomarrosas entre tantas otras frutas que no había probado nunca en mi vida; extraño la alegría del caleño y los pasos de salsa, entre muchísimas cosas. También aprendí a extrañar la animosidad vehicular de la calle 5ta y la espera del recreativo o del jeep al frente de la Estación Universidades que tomaba para subir a Pueblo Pance, pues la comunidad con la que trabajaba se desenvolvía allí.

Me llamo Micaela Passetti, tengo 22 años y soy estudiante avanzada de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Córdoba en Argentina. Pero fue la Universidad Autónoma de Madrid la que me envió a vivir una experiencia difícilmente descriptible en pocas líneas en la Pontificia Universidad Javeriana de Cali. La universidad madrileña considera invaluable el rol de la comunidad académica en la consecución de la Agenda de Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030 e identificó a Forja como una iniciativa que contribuye a tal fin. Por tal motivo la universidad madrileña me envió a experimentar la propuesta, y la universidad caleña no pudo haber sido mejor anfitriona.

En cuanto llegué, Forja me asignó la tarea de articular la labor de la universidad con las inquietudes de la comunidad en Corregimiento Pance. La experiencia me resultó significativa por varios aspectos, pero principalmente porque comprendí que para desarrollar un proyecto social es necesario:

1. Pasar tiempo en el territorio. Llegar al territorio no era nada fácil, había que esperar un recreativo o un jeep de frecuencia intermitente, y participar de la reunión o la actividad con una oreja atenta a escuchar subir la última buseta para no perderla y poder regresar.  Conocí los que bauticé como “mosquitos mutantes” debido a su tamaño y cómo arden las ortigas en la piel; lidié con el aislamiento informático y comunicacional, como con los inesperados cortes de luz que me arrebataban la única posibilidad de llamar por teléfono desde el de un vecino que vendía minutos. Pero pasar tiempo en el territorio me enseñó que la comunidad, por mucho que falte, es inmediblemente generosa. En el territorio, una vecina me ofreció el café más sabroso que habré probado en toda mi vida y la cena más llenadora preparada con lo que había y buena voluntad; me adentré en el bosque húmedo de ladera con aquellos quienes lo conocen mejor y me transmitieron todo cuánto pudieron sobre interpretación ambiental; conocí las instancias de participación social, me incluyeron en sus reuniones comunitarias y acogieron toda recomendación que pude darles de forma abierta; conocí a los vecinos y líderes sociales quienes me recibieron en sus casas cada vez que toqué sus puertas; experimenté en primera persona la potencialidad de las iniciativas locales y su fuerza de empuje. Comprobé que donde comen dos, comen tres, y en donde trabaja uno puede sumarse la voluntad de cien. 

2. Internalizar la cosmovisión local. Este aspecto no es nada fácil, por un lado, porque uno constituye un agente externo cargado de ideas preconcibas y estructuras mentales que debe identificar para que no entorpezcan el proceso comunitario en lugar de potenciarlo; y, por otro lado, porque en todo proceso afloran voluntades contrapuestas que se alternan o solapan, enfoques aún no definidos y personalidades diversas. A pesar de que la internalización de la cosmovisión es compleja, Forja me dio la oportunidad de experimentar que la voluntad de la comunidad y su lealtad al fin común superan ampliamente tales desafíos. La comunidad en el territorio se encontraba movida por un objetivo noble heredado de aquellos quienes habían trabajo por su consecución con anterioridad. La preservación del equilibrio ecológico, la permanencia de la comunidad en el territorio y la voluntad de crear lazos con las instituciones del Corregimiento eran objetivos claros compartidos por todos. La comunidad respeta ampliamente la labor de las generaciones anteriores y trabaja de manera ardua por las venideras, con un sentido claro de “responsabilidad intergeneracional”.

3. Articular agentes, para no replicar innecesariamente esfuerzos y llegar a los objetivos cooperativamente. Este fue, creo personalmente, el desafío más grande: aunar la dinámica académica universitaria con la dinámica del territorio. Tal dificultad se reflejaba al momento de concertar hora de reunión, lugar y hasta su duración. Debo admitir que hubo reuniones frustradas y de difícil concreción. Pero este aspecto dejó al descubierto la cantidad de agentes comprometidos con objetivos comunes, el sentido de responsabilidad social y potencialidad académica de los estudiantes universitarios, y la voluntad de la comunidad de facilitar la ejecución de instancias cooperativas y participativas.

Indudablemente mi experiencia en Cali me hizo crecer muchísimo académicamente como personalmente. Volví a casa motivada por aplicar todo lo que había aprendido de Forja en mi contexto.

Me encantaría saludar cariñosamente al grandioso equipo humano de Forja como a aquellos quienes embellecieron mi experiencia. A Claudia Mora por su instrucción y acompañamiento generoso; a Julieth, Andrés y Jhon Edward por su camaradería y apoyo fundamental; a Ángela y Fernando por ser mis hermanos de experiencia internacional; a Paola por la alegría y todo lo compartido; a Carlos y Douglas por ser mis compañeros de equipo en el territorio; y a todas aquellas personas que conservo en el corazón.

Aquí formamos a los líderes que el mundo necesita.

La Responsabilidad Social Universitaria tiene el compromiso con la comunidad con la que obra y con la sociedad en la que se inserta.

La sociedad está en el corazón de esta Universidad.

La Responsabilidad Social Universitaria es imperativo ético de coherencia.

¿Sabes? Uno también se puede graduar cum laude de la vida.

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Si te fijas bien, es imposible el saber sin tener completo el ser

Lo que hagas te hará famoso, cómo lo hagas te hará inspirador.

“Una mala persona no llega nunca a ser buen profesional”.

Howard Gardner, neurocientífico; autor de la teoría de las inteligencias múltiples. Universidad de Harvard.

Nos gustan los seres íntegros, que inspiran a otros.

La Responsabilidad Social Universitaria es un compromiso y aporte de valor agregado.

Le damos igual valor a la mente y al corazón.

Eres capaz de aprender a ser lo mejor que puedas ser para el mundo.

La vida te va a medir por mucho más que resultados.

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