La crisis del sistema de salud cubano se profundiza: menos cirugías, escasez de medicamentos y aumento de la mortalidad infantil
Creado por: Isabella Rebolledo Dominguez
Durante décadas, el sistema de salud fue uno de los principales pilares de la imagen internacional de Cuba. La cobertura sanitaria universal, la gratuidad de los servicios, las campañas de vacunación y la formación de profesionales de la salud fueron presentadas como algunos de los mayores logros sociales del modelo cubano. Sin embargo, en los últimos años, este sistema ha experimentado un deterioro progresivo que afecta tanto su capacidad de atención como sus resultados sanitarios.
La información recopilada por elTOQUE evidencia una crisis que se manifiesta en múltiples dimensiones: reducción de la actividad quirúrgica, incremento de las listas de espera, pérdida de trabajadores sanitarios, escasez de medicamentos e insumos, deterioro de la tecnología médica, cierre de instalaciones y dificultades para responder a emergencias. Aunque las autoridades cubanas atribuyen buena parte de las dificultades actuales al embargo estadounidense y a las restricciones de acceso a determinados mercados, los datos expuestos muestran que varios de estos problemas se vienen acumulando desde años anteriores (elTOQUE, 2026, 17 de julio).
Una capacidad quirúrgica que no logra recuperar sus niveles anteriores
Uno de los indicadores más claros del deterioro del sistema sanitario es la caída de la actividad quirúrgica. De acuerdo con la información presentada por elTOQUE, Cuba realizaba alrededor de 1,2 millones de intervenciones quirúrgicas en 2019. En 2020, esta cifra descendió a aproximadamente 785.000 y, posteriormente, se situó en poco más de 500.000 operaciones, sin que el sistema lograra recuperar los niveles registrados antes de la pandemia (elTOQUE, 2026, 17 de julio).
La reducción de la capacidad quirúrgica se ha traducido en un aumento de las personas que esperan por procedimientos médicos. La información recopilada en el video señala que en 2025 las autoridades ya reconocían una lista de espera cercana a 100.000 pacientes, entre ellos algo más de 10.000 niños (elTOQUE, 2026, 17 de julio).
Esta situación también fue reconocida por el ministro cubano de Salud Pública, José Ángel Portal Miranda, durante una reunión de los BRICS celebrada en India. Según informó, más de 100.000 pacientes se encuentran actualmente a la espera de una intervención quirúrgica, incluidos unos 12.000 niños. En el mismo contexto, reconoció que la mortalidad infantil alcanzó 9,9 fallecidos por cada 1.000 nacidos vivos al cierre de 2025, la cifra más elevada registrada en más de dos décadas (Fernández, 2026, 25 de julio).
La magnitud de estas cifras evidencia una pérdida de capacidad del sistema para responder oportunamente a las necesidades de la población. La acumulación de pacientes en espera no solo representa un problema de acceso a la atención, sino que puede implicar el agravamiento de enfermedades y una mayor presión sobre los servicios hospitalarios.
El aumento de la mortalidad infantil como señal de deterioro
La evolución de la mortalidad infantil constituye otro de los indicadores más preocupantes. Según los datos presentados por elTOQUE, Cuba registraba alrededor de cuatro muertes por cada 1.000 nacidos vivos en 2018. La cifra aumentó posteriormente a 7,6 en 2021, 7,5 en 2022, 7,9 en 2023, 7,1 en 2024 y 9,9 en 2025 (elTOQUE, 2026, 17 de julio).
Este incremento contrasta con la trayectoria histórica que había convertido a Cuba en un referente regional en materia de salud materno-infantil. El deterioro reciente, sin embargo, está asociado a una combinación de factores que incluyen los nacimientos prematuros, el bajo peso al nacer, las afecciones perinatales y la septicemia, además de las dificultades para garantizar medicamentos, insumos y atención especializada.
En este contexto, elTOQUE también recoge el caso de diez recién nacidos fallecidos en 2023 en el Hospital Materno Infantil Hijas de Galicia, situación que las autoridades relacionaron con un brote de infección intrahospitalaria. La información señala, además, dificultades en la atención prenatal, entre ellas la interrupción de la producción nacional de tabletas prenatales por falta de materias primas (elTOQUE, 2026, 17 de julio).
El propio ministro de Salud Pública reconoció ante los representantes de los BRICS la gravedad de la situación.
«Detrás de esas restricciones existen rostros, pacientes, familias que sufren», afirmó Portal Miranda al referirse a las dificultades que enfrenta el sistema sanitario cubano (Fernández, 2026, 25 de julio).
Escasez de medicamentos e insumos básicos
La crisis también se expresa en la disponibilidad de medicamentos. La información presentada por elTOQUE señala que la industria biofarmacéutica cubana tiene el compromiso de suministrar 395 medicamentos correspondientes al cuadro básico, pero que alrededor de 300 se encontraban faltantes en el momento referido (elTOQUE, 2026, 17 de julio).
La escasez no se limita a los medicamentos. Los centros hospitalarios enfrentan dificultades para acceder a materiales básicos como gasas, guantes, jeringuillas y yeso, elementos indispensables para procedimientos cotidianos y atención hospitalaria (elTOQUE, 2026, 17 de julio).
El problema también ha sido documentado por medios independientes. Según datos del propio sistema sanitario cubano divulgados en abril, 461 de los 651 medicamentos esenciales no estaban disponibles en las farmacias estatales. A esto se suma la paralización de cientos de ambulancias debido a la falta de combustible y piezas de repuesto, lo que reduce aún más la capacidad de respuesta ante situaciones de emergencia (Fernández, 2026, 25 de julio).
Desde la perspectiva del Gobierno cubano, las sanciones y restricciones estadounidenses constituyen una causa central de estas dificultades. En particular, las autoridades han señalado el impacto del embargo y de las medidas adoptadas por la administración de Donald Trump. Sin embargo, activistas y medios independientes también apuntan a factores internos, entre ellos años de baja inversión, deterioro de la infraestructura, problemas de gestión y el éxodo de profesionales de la salud (Fernández, 2026, 25 de julio).
Un sistema con menos trabajadores y mayor presión sobre sus servicios
La pérdida de capital humano constituye otro de los componentes de la crisis. De acuerdo con la información presentada por elTOQUE, desde 2022 el sistema habría perdido aproximadamente 50.000 trabajadores. La reducción incluye médicos, personal de enfermería, estomatólogos, técnicos, auxiliares, trabajadores administrativos y docentes vinculados con las ciencias médicas (elTOQUE, 2026, 17 de julio).
La salida de profesionales se produce en un contexto de deterioro de las condiciones laborales y salariales. A esto se suma la emigración de trabajadores de la salud, así como el abandono de la profesión por parte de quienes permanecen en el país y buscan alternativas laborales con mejores ingresos.
Esta situación es descrita por Lichterbeck a partir del testimonio de una médica cubana que trabaja bajo condiciones de extrema precariedad. La profesional señala que los cortes eléctricos pueden dejar a los centros hospitalarios sin suministro durante períodos prolongados y que faltan insumos esenciales para la atención de los pacientes (Lichterbeck, 2026, 16 de julio).
El deterioro de las condiciones laborales también se refleja en los ingresos. Según el testimonio recogido por Lichterbeck, una médica recibe actualmente 15.000 pesos cubanos mensuales, mientras que una enfermera de su unidad percibe aproximadamente la mitad. La profesional cuestiona cómo es posible vivir con esos ingresos en un contexto de inflación y elevados precios de los alimentos (Lichterbeck, 2026, 16 de julio).
La pérdida de personal sanitario genera así un círculo difícil de romper: menos trabajadores implican una menor capacidad de atención, mientras que las condiciones económicas y laborales incentivan la emigración o la búsqueda de empleos fuera del sector.
El deterioro tecnológico limita diagnósticos y tratamientos
Las dificultades también alcanzan la infraestructura y el equipamiento médico. La información recopilada por elTOQUE señala problemas de acceso a consultas, exámenes diagnósticos y tratamientos especializados, además de interrupciones provocadas por equipos averiados y falta de reactivos (elTOQUE, 2026, 17 de julio).
El área de oncología constituye uno de los ejemplos más críticos. Según los datos presentados, alrededor de 100 pacientes esperaban por radioterapia y aproximadamente el 80 % de la tecnología utilizada para el diagnóstico y tratamiento del cáncer se encontraba obsoleta o averiada. En Santiago de Cuba, el servicio de radioterapia habría sido restablecido en diciembre de 2024 después de permanecer un año interrumpido debido a equipos fuera de funcionamiento (elTOQUE, 2026, 17 de julio).
Las consecuencias de estas carencias trascienden la disponibilidad de un servicio específico. La falta de tecnología, medicamentos y reactivos puede retrasar diagnósticos, dificultar el seguimiento de enfermedades crónicas y reducir las posibilidades de acceso oportuno a tratamientos especializados.
Lichterbeck recoge un panorama similar a partir del testimonio de una médica cubana, quien señala que el sistema ha perdido capacidades para realizar procedimientos complejos. Entre las intervenciones que, según su testimonio, ya no pueden realizarse con la misma capacidad se encuentran los trasplantes de hígado, debido a la falta tanto de personal como de medicamentos para el tratamiento posterior (Lichterbeck, 2026, 16 de julio).
Hospitales cerrados y dificultades para atender emergencias
La crisis se extiende a la infraestructura física. Según los datos presentados por elTOQUE, entre 2010 y 2025 habrían cerrado más de 70 hospitales, además de otros establecimientos y servicios sanitarios, como consultorios médicos, hogares maternos y clínicas estomatológicas (elTOQUE, 2026, 17 de julio).
La capacidad de atención de emergencias también se ha visto afectada. En 2023, el ministro de Salud Pública reconoció que el sistema de ambulancias podía cubrir apenas el 39,6 % de la demanda, una situación que compromete especialmente a las personas que requieren atención urgente y traslados hospitalarios (elTOQUE, 2026, 17 de julio).
A este escenario se suma la crisis energética. Los apagones afectan la continuidad de los servicios hospitalarios, mientras que la falta de combustible limita el funcionamiento del transporte sanitario. En consecuencia, la crisis energética y la sanitaria terminan reforzándose mutuamente, al dificultar tanto el funcionamiento cotidiano de las instituciones como la respuesta ante emergencias.
Una crisis que enfrenta explicaciones contrapuestas
El deterioro del sistema sanitario cubano se desarrolla en medio de un debate sobre sus causas. El Gobierno cubano sostiene que el embargo estadounidense y las sanciones adoptadas por Washington han restringido el acceso a medicamentos, materias primas, tecnología y financiamiento, agravando una situación económica ya deteriorada.
Durante su intervención ante los BRICS, el ministro José Ángel Portal Miranda insistió en esta perspectiva al referirse a las consecuencias de las restricciones internacionales y a las familias afectadas por ellas (Fernández, 2026, 25 de julio).
No obstante, el análisis presentado por elTOQUE plantea que el deterioro sanitario no puede explicarse exclusivamente por las medidas estadounidenses, debido a que varios de los indicadores negativos ya mostraban una tendencia descendente antes de las dificultades más recientes. La caída de la actividad quirúrgica, el aumento de la mortalidad infantil, la pérdida de trabajadores, el deterioro de la infraestructura y la escasez de medicamentos son fenómenos que se han acumulado durante varios años (elTOQUE, 2026, 17 de julio).
En este sentido, la crisis parece responder a una combinación de factores externos e internos. Por una parte, las restricciones internacionales pueden incrementar los costos y dificultar el acceso a determinados insumos, tecnologías y mercados. Por otra, problemas estructurales de financiamiento, inversión, gestión y retención del capital humano han debilitado progresivamente la capacidad del sistema.
La inversión pública y las prioridades económicas
La discusión sobre las causas de la crisis también conduce a las prioridades de inversión del Estado. De acuerdo con los datos expuestos por elTOQUE, en 2024 la inversión destinada al turismo fue 18 veces superior a la inversión en salud pública y asistencia social (elTOQUE, 2026, 17 de julio).
Este contraste adquiere especial relevancia si se considera que, durante años, Cuba convirtió la exportación de servicios médicos en una fuente importante de ingresos externos, mientras que el sistema sanitario interno enfrentaba dificultades para garantizar medicamentos, infraestructura y equipamiento.
La diferencia entre los recursos destinados a sectores estratégicos plantea interrogantes sobre las prioridades de política pública y sobre la capacidad del modelo económico para sostener un sistema sanitario universal en condiciones de crisis prolongada.
Un deterioro que pone en cuestión uno de los principales logros sociales del modelo cubano
La evolución de los principales indicadores evidencia un sistema sometido a una presión creciente. La reducción de las cirugías, las listas de espera que superan las 100.000 personas, la escasez de medicamentos, la pérdida de decenas de miles de trabajadores, el deterioro tecnológico, el cierre de instalaciones y el aumento de la mortalidad infantil configuran un escenario que contrasta con la imagen histórica de Cuba como referente regional en materia sanitaria (elTOQUE, 2026, 17 de julio; Fernández, 2026, 25 de julio).
A ello se suma el impacto de la crisis económica general sobre la alimentación y las condiciones de vida de la población. Lichterbeck señala que la escasez de alimentos también afecta la salud de los niños y que la producción nacional de leche, huevos y carne de ave se ha reducido, mientras el país enfrenta dificultades para importar piensos, vacunas para el ganado y leche en polvo (Lichterbeck, 2026, 16 de julio).
El resultado es un sistema sanitario que enfrenta simultáneamente problemas de financiamiento, abastecimiento, infraestructura, capital humano y capacidad tecnológica. Para una población que durante décadas tuvo acceso universal a los servicios médicos, la acumulación de estas dificultades representa un cambio profundo en las condiciones de atención.
La crisis sanitaria cubana, por tanto, no se limita a la falta puntual de determinados medicamentos o a las consecuencias de los apagones. Los datos disponibles apuntan a un deterioro estructural que compromete la capacidad del sistema para mantener los niveles de cobertura y resultados que históricamente lo distinguieron. El debate sobre sus causas continúa abierto, pero la evolución de los indicadores evidencia la urgencia de abordar una crisis que afecta directamente a la calidad de vida y las posibilidades de supervivencia de la población.
Referencias
elTOQUE. (2026, 17 de julio). La Salud en Cuba Se Desmorona | Estadísticas que Contradicen la Propaganda Oficial [Video]. YouTube. https://youtu.be/Fg0zp6fXTjQ?si=gKWGd9xFo_YoFNlZ
Fernández, D. (2026, 25 de julio). El colapso sanitario de Cuba llega a los BRICS: más de 100.000 cirugías pendientes. Cubanet. https://www.cubanet.org/el-colapso-sanitario-de-cuba-llega-a-los-brics-mas-de-100-000-cirugias-pendientes/
Lichterbeck, P. (2026, 16 de julio). Sistema cubano de salud: antes prestigioso, ahora agonizante. DW. https://www.dw.com/es/el-otrora-prestigioso-sistema-de-salud-de-cuba-ahora-est%C3%A1-al-borde-del-colapso/a-77994907
Nota
La imagen de la noticia, así como la de previsualización, muestran el estado de deterioro del sistema de salud cubano. Arte digital de autoría propia generado con Inteligencia Artificial, 2026.
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