La paz nos llama, nos mueve y nos une: 39 años construyendo caminos para encontrarnos

La paz nos llama, nos mueve y nos une: 39 años construyendo caminos para encontrarnos
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Creado por:  Carlos H. Tofiño

Hay encuentros que, año tras año, nos recuerdan que construir la paz es una tarea que nos compromete a todos. Desde hace 39 años, la Semana por la Paz nos convoca a reconocer que, incluso en medio de las diferencias, las dificultades y las heridas que atraviesan nuestra sociedad, siempre existen caminos para encontrarnos, escucharnos y construir juntos un futuro distinto.

En la Pontificia Universidad Javeriana Cali, esta conmemoración se convirtió nuevamente en una oportunidad para abrir espacios de reflexión, participación y diálogo alrededor de los desafíos que implica construir paz en nuestros territorios. Bajo el lema “La paz nos llama, nos mueve, nos une”, la comunidad universitaria se encontró para pensar cómo nuestras acciones, decisiones y formas de relacionarnos pueden contribuir a hacerla posible.

La programación de esta edición, centrada en “La construcción de paz en tiempos de crisis”, invitó a reconocer las realidades que nos interpelan como sociedad y a preguntarnos por las posibilidades de transformación que nacen cuando nos disponemos a escuchar al otro, comprender nuestras diferencias y asumir la responsabilidad de construir una vida compartida.

Encontrarnos para pensar la paz

A través de diferentes espacios, la Semana por la Paz propuso una conversación colectiva sobre los retos que enfrentamos como comunidad y las oportunidades que tenemos para contribuir a la convivencia.

El lanzamiento de esta edición, con el encuentro Reconstruir juntos: desafíos para la paz en tiempos de crisis y cambio, abrió un escenario para reflexionar sobre las maneras en que podemos responder, desde nuestras experiencias y responsabilidades, a las circunstancias que atraviesa el país.

Estos espacios nos recuerdan que la paz no se construye únicamente desde los grandes acuerdos o las decisiones institucionales. También se hace posible en lo cotidiano: en la disposición para escuchar, en el reconocimiento de la dignidad de cada persona y en la voluntad de transformar aquello que nos distancia.

El arte, el deporte y la memoria como puentes

La programación también encontró en las expresiones artísticas, culturales y deportivas una oportunidad para tender puentes entre las personas y las comunidades.

A través de iniciativas como MuralU, el festival de muralismo universitario, el arte se convirtió en un lenguaje para imaginar futuros compartidos y expresar, desde la creatividad, el deseo de construir una sociedad más fraterna. Los trazos y colores de los estudiantes nos invitaron a reconocer que también podemos transformar nuestros entornos cuando ponemos en común nuestras ideas, sensibilidades y esperanzas.

Por su parte, el encuentro Cali y América: del clásico a la construcción de paz abrió una conversación sobre el papel del fútbol y las expresiones de identidad colectiva en la construcción de convivencia. La participación de las barras Barón Rojo Sur y Frente Radical Verde permitió reconocer cómo las pasiones que nos convocan pueden convertirse también en escenarios para el respeto, el diálogo y la solidaridad.

A estos espacios se sumó el I Encuentro de Experiencias Significativas: Deporte y Construcción de Paz, que puso en diálogo iniciativas y aprendizajes alrededor del deporte como posibilidad de encuentro y transformación social.

Asimismo, la oración ecuménica y el acto simbólico en el Parque de las Maestras nos convocaron a reconocer las historias de quienes han vivido las consecuencias del conflicto y a renovar nuestro compromiso con la dignidad humana, la solidaridad y la esperanza.

Una tarea que continúa

Durante 39 años, la Semana por la Paz ha mantenido viva una invitación que sigue siendo urgente: encontrarnos para pensar qué sociedad queremos construir y qué podemos hacer, desde nuestros lugares y posibilidades, para acercarnos a ella.

En la Javeriana Cali, esta experiencia se articula con nuestra tradición educativa jesuita, que nos invita a reconocernos como comunidad universitaria capaz de transformar realidades con sentido y esperanza, poniendo en diálogo la formación, el conocimiento y la solidaridad.

Porque la paz no es una tarea que se agota en una semana ni una responsabilidad que pertenece exclusivamente a otros. Es una construcción permanente que comienza cuando reconocemos que nuestras vidas están vinculadas y que el bienestar de los demás también hace parte de nuestro horizonte común.

La Semana por la Paz nos vuelve a encontrar para recordarnos que la paz nos llama, nos mueve y nos une. Y que, año tras año, tenemos la posibilidad de seguir construyendo, desde nuestras diferencias y encuentros, los caminos que nos permitan hacerla realidad.

 

 

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