¿Sabías que los niños no mienten igual que los adultos?

Especialización en Neuropsicología Infantil
Ingrid-Lorena-Mueses

Creado por: Ingrid Lorena Mueses

Una mirada desde la neuropsicología

Mentir es una conducta humana compleja que aparece desde la infancia, pero no significa lo mismo en un niño que en un adulto. Aunque solemos asociar la mentira con intención negativa, en la niñez forma parte del desarrollo cognitivo y social. Desde la Especialización en Neuropsicología Infantil de la Pontificia Universidad Javeriana Cali, se estudian precisamente estos procesos para comprender cómo evoluciona el comportamiento a lo largo del desarrollo.

La mentira como señal de desarrollo

En los primeros años, cuando un niño dice algo que no es cierto, muchas veces no busca manipular de manera estratégica. Está poniendo en práctica una habilidad fundamental llamada teoría de la mente: la capacidad de entender que otras personas tienen pensamientos, creencias y conocimientos distintos a los propios.

Cuando un niño de 4 o 5 años niega haber hecho algo, no necesariamente está elaborando un plan complejo para engañar. Más bien está experimentando con la idea de que puede influir en lo que otro sabe o cree. Este logro cognitivo es un hito importante en el desarrollo y es objeto de análisis en la Especialización en Neuropsicología Infantil, donde se profundiza en la relación entre maduración cerebral y conducta.

¿Qué ocurre en el cerebro?

Desde la neuropsicología, mentir implica activar varias funciones ejecutivas, como:

  • Control inhibitorio (frenar la verdad inmediata).
  • Memoria de trabajo (recordar lo que se dijo para mantener coherencia).
  • Planeación (organizar una versión alternativa de los hechos).

Estas funciones dependen en gran medida de la corteza prefrontal, una región cerebral que continúa madurando hasta la adolescencia e incluso la adultez temprana. Por eso, las mentiras infantiles suelen ser simples, poco consistentes y fáciles de detectar.

En cambio, el adulto, con mayor desarrollo de estas habilidades, puede construir relatos más elaborados, anticipar reacciones y ajustar su discurso según el contexto.

Diferencias clave

En términos generales, los niños suelen mentir para evitar un regaño inmediato, explorar límites o incluso como parte del juego simbólico. Los adultos, por su parte, pueden mentir con objetivos más complejos: proteger su imagen, obtener beneficios o influir en otros.

Además, el niño todavía está formando su comprensión de normas sociales, responsabilidad y consecuencias a largo plazo. El adulto, en cambio, posee mayor conciencia moral y capacidad de anticipación.

Comprender para educar mejor

La aparición de mentiras en la infancia no es necesariamente una señal de problema. Más bien, puede indicar que el niño está desarrollando habilidades cognitivas importantes. Promover el diálogo, explicar consecuencias y modelar honestidad favorece la responsabilidad y la autorregulación.

Entender que los niños no mienten igual que los adultos nos permite mirar esta conducta con mayor profundidad. La mentira infantil no siempre refleja mala intención; muchas veces revela un cerebro en construcción, aprendiendo cómo funcionan las relaciones sociales. Acompañar este proceso con orientación y empatía es clave para formar adultos honestos y emocionalmente saludables.

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