Descubrir la ciudad sin mapa, así es la experiencia de Florian Jenner en Cali

Florian Jenner, estudiante austríaco que realiza su semestre de intercambio en la Javeriana Cali
Karen Daniela Ferrín

Creado por: Lola Ferrin

Florian Jenner camina por el centro de Cali sin mapa. Se sube a un bus, recorre la ciudad durante horas y mira por la ventana. No busca un destino. Observa. Baja en San Antonio, sigue hacia el bulevar, vuelve otro día. En la noche entra a una sala de cine en Unicentro para ver una película en español. No entiende todas las palabras, pero sigue la historia. La ciudad aparece en trayectos, en fragmentos, en escenas que no responden a un itinerario.

Disfrutando de un café de Garittea en el marco de la Feria Javerianos para el Mundo de la Oficina de Relaciones Internacionales, Florian narra que llegó desde Austria para realizar un semestre de intercambio en la Javeriana Cali. La decisión pasó por el clima y la comida. Antes de viajar había escuchado sobre la chuleta valluna y la comparó con un plato de su país. También había una razón personal: su pareja es colombiana. Vive en Bogotá. Él eligió Cali.

En sus primeros días encontró una ciudad que “no funciona con los mismos tiempos”. En Austria, dice, las actividades se programan. Aquí, el día se abre sin un plan cerrado. La puntualidad cambia. Esperar hace parte de la rutina. La percepción del tiempo es distinta. Esa diferencia, explica, también aparece en los negocios, entender la cultura del otro define una negociación, condiciona las decisiones y marca la forma en que se construyen acuerdos.

Florian estudia Administración de Empresas en Linz. En Cali toma cursos de Negocios Internacionales en inglés. Explica que las clases incluyen juegos y dinámicas que no había visto en su universidad. Señala que el idioma no es una barrera en el aula y que el contacto con otros estudiantes hace parte del proceso de aprendizaje. Describe una relación más directa entre profesores y estudiantes. En Austria, su universidad tiene un enfoque en tecnología y programación. Menciona también a Viena como un referente en estudios económicos y compara los estándares académicos sin establecer jerarquías absolutas.

El campus de la Javeriana Cali fue una de las primeras imágenes que registró. Habla de su extensión, de los espacios abiertos y de la relación con el entorno. Asegura que no había visto un lugar similar en toda su formación académica. Recomienda la experiencia, no solo por las asignaturas, sino por lo que ocurre fuera del aula, conversaciones, recorridos y encuentros.

Aprender español en el Centro de Idiomas ha sido otro recorrido. Llegó con nociones básicas. Intentó un nivel más alto, volvió al inicial. Ahora entiende más y se arriesga a hablar. Para él nuestro idioma, suena distinto al alemán, “algo más poético”. Lo describe como “una secuencia continua”, en contraste con la estructura que conoce. Además, menciona palabras que le encantan como “maravilloso”, “mariposa”, “excelente”. Las pronuncia con fuerza y, al mismo tiempo, como si saboreara un postre. También prueba el idioma fuera de clase, en el cine, en la calle, en conversaciones cotidianas.

 

Florian Jenner, estudiante austríaco que realiza su semestre de intercambio en la Javeriana Cali

 

La ciudad se le abre en trayectos. Ha ido varias veces a Pance. Camina por senderos, entra al río, regresa. No ha subido a Cristo Rey ni al cerro de las Tres Cruces, pero hace parte de sus planes antes de regresar a Europa Central. Su experiencia combina recorridos urbanos y salidas a la naturaleza. En ambos espacios encuentra una constante, la presencia de plantas y aves. Asegura que en su país el paisaje cambia con las estaciones. Aquí lo percibe de otra forma. Se siente maravillado con especies que no conocía. Señala que no había estado en un país con tanta diversidad.

Antes de viajar, Colombia aparecía como un lugar por conocer. Ya en Cali la relación con la gente marcó la experiencia. Habla de conversaciones, de ayuda en la calle, de encuentros. Dice que esa forma de interacción no es común en su entorno. Compara la espontaneidad de las relaciones con la planificación que describe en Austria.

En la maleta también trajo lecturas. Había leído El amor en los tiempos del cólera de Gabriel García Márquez en inglés. Le interesa el estilo y la forma de narrar el nobel colombino. Ahora quiere leerlo en español para entender mejor nuestro lenguaje. Mientras tanto, practica con libros infantiles. Ha encontrado en la lectura una forma de acercarse al idioma y a la cultura.

En el ámbito académico, encuentra similitudes en los conceptos de economía y administración. Los modelos se repiten, pero el contexto cambia. Insiste en la necesidad de reconocer las diferencias culturales para aplicar esos modelos en escenarios internacionales. Resalta que lo que aprende en Cali no se limita a contenidos, incluye formas de interacción y criterios para entender otros entornos.

Cuando le pregunto por la imagen que se ha construido de Cali, responde con una canción. No piensa en un lugar ni en una escena. Piensa en un ritmo. Dice que Cali se parece “a una música que se escucha sin pausa, que se repite en distintos espacios y momentos”. Entonces, sonríe y tararea Chico Vacilón de La sonora del Perú. 

Al final de nuestra corta charla opta por compartir una recomendación para quienes lleguen después de que él haya partido a su natal Austria. “Probar la comida, recorrer la ciudad, aceptar lo que no está previsto”. No plantea un listado de lugares ni un itinerario. Habla de disposición. De entrar al día sin una ruta fija y dejar que la ciudad marque el recorrido.

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