“Bajar el conocimiento a la gente”: la exposición con la que una estudiante de Biología acercó al público algunas especies amenazadas de Colombia

“Bajar el conocimiento a la gente”
Kevin Santiago Gonzalez Ortiz

Creado por: Kevin Santiago González Ortiz

En un ecohotel de La Cocha, en Nariño, el dueño les mostró a sus huéspedes la plantación de pino colombiano que había sembrado. Para la mayoría, el comentario habría pasado de largo. Una de ellas, en cambio, sintió que algo se le encendía. Había visitado una exposición en Cali y allí había aprendido que ese árbol está en peligro de extinción y que su historia merecía ser contada. Emocionada, buscó a la responsable de la muestra para escribirle. 

La autora es Sara Aguirre Botero, estudiante de último semestre de Biología de la Pontificia Universidad Javeriana Cali, y ese mensaje resume lo que buscó con su trabajo de grado. “Eso para mí es el trabajo cumplido”, dice. Su proyecto, El arte para la divulgación de la ciencia, reunió ocho cuadros y una instalación inmersiva dedicados a nueve especies de interés en Colombia, ocho de ellas nativas y endémicas con algún grado de amenaza. Cada cuadro, en técnica mixta con acrílico sobre madera, retrataba una especie y se exhibía junto a un ejemplar vivo de la misma planta. Durante un mes, la exposición recorrió el Jardín Botánico de Cali, un salón comunal y la plazoleta central de la Javeriana Cali. En total recibió a 603 asistentes, y otras 207 personas participaron de manera virtual. La idea surgió cuando un compañero de carrera vio uno de sus cuadros con plantas y le sugirió convertirlo en su trabajo de grado, una propuesta que reunía sus dos pasiones de siempre, la naturaleza y el arte. 

Su punto de partida es una preocupación que comparte buena parte de la comunidad científica. A pocos años del plazo fijado por las Naciones Unidas para cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible, la brecha entre las metas y los logros sigue siendo amplia y para cerrarla hace falta que el conocimiento científico salga de los repositorios y llegue a la gente del común. El arte apareció como el puente. “Somos seres llenos de sentidos, aprendemos de un montón de formas”, explica. Su trabajo se inspira en la encíclica Laudato si’, del papa Francisco, de la que Sara toma una idea que resume como una cadena, la de conocer para comprender, comprender para valorar y valorar para conservar. 

 

“Bajar el conocimiento a la gente”

 

Al elegir las especies, Sara descartó la ruta más obvia. En lugar de mostrar plantas útiles para el ser humano, decidió dar visibilidad a las que dependen de nosotros para sobrevivir. “Yo quizás no necesito un pino colombiano en mi casa, pero el pino colombiano nos necesita, porque si no lo reconocemos y no lo conservamos, va a desaparecer”, afirma. 

La única excepción fue el ojo de poeta, una especie invasora, y para ella reservó la pieza más arriesgada. El espacio era estrecho, y al entrar el visitante quedaba rodeado por 80 papeles que colgaban por todas partes, con fotografías y datos de la planta. Muchos reconocían enseguida esa flor naranja que trepa por la reja de la finca o adorna el patio de la abuela, admirada por su belleza y casi nunca identificada como invasora. La sensación de encierro estaba pensada al detalle, para que el público sintiera en el cuerpo lo que esta especie les hace a los ecosistemas que ocupa hasta asfixiarlos.

“Bajar el conocimiento a la gente”

 

Las reacciones superaron lo que esperaba. Al menos tres personas salieron llorando de la exposición. “Me decían que no sabían que todo esto era nuestro, y que tampoco sabían que nosotros mismos lo habíamos llevado hasta donde está”, recuerda. La propuesta también despertó interés fuera de la Biología. Un profesor de Artes y otro de Gastronomía de la Javeriana Cali llevaron a sus cursos a recorrerla. 

Detrás de la experiencia sensorial hay un diseño experimental, dirigido por el profesor Néstor David Correa, del Departamento de Ciencias Naturales y Matemáticas, y con la participación de Juan Camilo Ordóñez, del Jardín Botánico de Cali. Para medir lo que el público sabía antes y después de la visita, Sara diseñó encuestas que también hicieran parte de la experiencia, entre ellas un álbum de láminas en el que cada visitante pegaba la imagen de cada especie junto al nombre que creía correcto.  

Al comenzar el recorrido, el conocimiento era desigual. El 98% de los participantes reconocía la palma de cera, el árbol nacional, mientras que apenas el 23% identificaba a Browneopsis sanintiae. Al salir, la palma alcanzó el 100 % de acierto y Browneopsis sanintiae subió al 8%. En conjunto, el acierto en el nombre común de las especies aumentó 38 puntos porcentuales, con avances mayores en las menos conocidas. El póster presentado en el congreso, con la metodología y los resultados preliminares, puede consultarse aquí. 

Para el profesor Néstor David Correa, el valor del proyecto está en el diálogo entre disciplinas. “Un proyecto científico-artístico es de enorme importancia para la academia y en particular para la biología, porque contribuye al desarrollo de la transdisciplinariedad, es decir, el diálogo activo y la mutua aportación entre diversas áreas del conocimiento”, afirma. “El trabajo de Sara es una hermosa conjugación entre saber botánico, diseño experimental y arte pictórico”. 

El trabajo obtuvo el primer puesto en la modalidad de pósteres del Coloquio de Biología y fue presentado en el XIII Congreso Colombiano de Botánica, en Medellín, que por primera vez abrió un simposio dedicado al arte y la botánica. Desde entonces ha recibido invitaciones del Jardín Botánico de Bogotá, de la Universidad de La Salle, de la Fundación Universitaria de Popayán y del Encuentro de Jóvenes Investigadores en Biodiversidad, organizado por la Maestría en Educación de la Universidad Santiago de Cali. También avanza una conversación para llevar una muestra al Festival Locombia, en Toulouse (Francia). 

Mientras se prepara para sustentar su trabajo de grado, Sara quiere llevar la exposición a escuelas y bibliotecas de Cali. Sabe que un proyecto no cambia el mundo por sí solo y por eso confía en el efecto de cada conversación. “Si cambio a una persona, esa persona va a ir a su casa y le va a contar a su pareja, y luego a sus hijos y se vuelve un dominó”. En el libro de visitas, una asistente dejó escrita la frase que Sara considera la mejor síntesis de su trabajo. Según ella, la muestra permite “bajar el conocimiento a la gente y elevar la gente al conocimiento”. 

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